El cierzanismo
5 de agosto, Zaragoza. El termómetro marca 40 ºC, pero hace frío. Y no poco. Y hace frío porque hace cierzo. Y hace cierzo porque estamos en Zaragoza.
5 de agosto, Zaragoza. El termómetro marca 40 ºC, pero hace frío. Y no poco. Y hace frío porque hace cierzo. Y hace cierzo porque estamos en Zaragoza.
Fea, deslizo hacia la izquierda. Fea, deslizo hacia la izquierda. Feísima, deslizo asustado hacia la izquierda. Meh, deslizo hacia la derecha por si acaso. Preciosa, deslizo hacia la derecha sin esperanza. De mi nivel (bajo), deslizo hacia la derecha. Match.
—¿Qué tal, guapa?
Tres horas. No contesta. Vuelta a empezar.
La avioneta despegó dejando en él una inmensa sensación de vacío. Por cada metro que esta se separaba del suelo, Marcos veía como sus raíces iban siendo arrancadas. Pese a no haber volado nunca, odiaba los aviones, probablemente porque esta era la forma más rápida de llegar allí donde nunca quiso volver. Pero su padre merecía este esfuerzo.
Has dado positivo en los test. Lo siento.
Todavía le retumbaban las palabras del doctor mientras salía del hospital. Después de una larga y agotadora jornada de médicos, el diagnóstico no dejaba lugar a dudas: se había contagiado. No entendía por qué, llevaba meses siguiendo los consejos de las autoridades sanitarias y siendo especialmente precavido, pero ese fatídico 5 de octubre pasaba a engordar la larga lista de afectados por la pandemia que arrasaba al mundo occidental: la soledad.
Dos cabras han quedado atrapadas en lo alto de una roca por la subida de las mareas. Según nos cuenta el pastor, les gusta pacer en ese rincón, pero todos los días se quedan encerradas ahí hasta que vuelve a bajar la marea. Parece que les da igual: el pasto de esa roca no es como las demás. Y es que, definitivamente, Illa de Arousa no un lugar más.
Quizá sea una opinión impopular, pero si algo me chirrió en Galicia es el desbarajuste arquitectónico de muchos de sus pueblos. Y es que, en líneas generales, la arquitectura en las aldeas gallegas es más funcional que estética y no es raro encontrarse edificios horribles de hormigón en mitad de pueblos de piedra. Pero aunque esta sea la dinámica habitual, por suerte todavía quedan asentamientos que han protegido bien parte de su patrimonio. Y Combarro es una muestra de ello.