Combarro – Hórreos, cruceiros y una copa de vino

Quizá sea una opinión impopular, pero si algo me chirrió en Galicia es el desbarajuste arquitectónico de muchos de sus pueblos. Y es que, en líneas generales, la arquitectura en las aldeas gallegas es más funcional que estética y no es raro encontrarse edificios horribles de hormigón en mitad de pueblos de piedra. Pero aunque esta sea la dinámica habitual, por suerte todavía quedan asentamientos que han protegido bien parte de su patrimonio. Y Combarro es una muestra de ello.

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La isla de Ons – Tractores a la mar

Una señal de tráfico avisa a los tractores de la isla: peligro de caída al mar. Y es que Ons combina el exotismo de una isla con el lado rural de un pueblo de interior, y ese es uno de sus principales encantos. Porque aunque sus vecinas Cíes estén llenas de rincones «instagrameables», en la isla de Ons hay tractores junto al mar. Y eso, hoy en día, no es tan fácil de encontrar.

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En el mirador Peña de Matacás, Ribeira Sacra (Galicia)

La Ribeira Sacra – Morriña en los balcones

Iban a ser 15 días en Japón, una semana en Los Balcanes, dos meses en Canadá. Iban a ser nuevos viajes, nuevos proyectos, nuevas ilusiones. Iban a ser muchas cosas y al final fue Galicia. En este año de planes truncados, Galicia ha sido lo más parecido a un viaje. Y no, no me quejo: Galicia es mucha Galicia. Y la Ribeira Sacra, donde empezamos, uno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida.

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