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5. Backpackers in Tallin

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Si no llueve, hace frío. Si no hace frío, hace viento. Si no hace viento, está nublado. Si alguna vez ha salido el sol, debíamos de estar echando la siesta. Entre una cosa y otra vamos a volver más blancos de lo que nos fuimos (mira que eso es difícil). Lejos de mejorar, el tiempo empeora conforme nos acercamos a Laponia. Si esto sigue así, vamos a tener que acabar por comprar unas chancletas de piel de oso o directamente cambiar el nombre del blog: “A Laponia con fiebre”. 

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El clima no es el único indicio de que nos acercamos al norte de Europa. También se nota en el desarrollo de las ciudades. En Estonia apenas quedan resquicios de la pobreza que vimos en Letonia. Al menos en Tallin, su capital, porque el resto del país lo recorrimos en un viaje de tren. Desde Cesis (Letonia) hasta Tallin (Estonia), ese fue nuestro trayecto.

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(22-07-13) La llegada a Tallin fue bastante desapacible. Aterrizamos  a primera hora de la noche, con lluvia y viento, sin hostal ni Couchsurfing, con una decena de horas de tren a las espaldas,  y con un agujero en el estómago. Lo reconozco, ese día cenamos en McDonalds. Pero teníamos excusa, no nos apetecía pensar, necesitábamos Wi-Fi y algo para cenar. Comer comimos pero de internet ni rastro. Al final esa noche encontramos alojamiento como se ha hecho toda la vida: andando y preguntando. A priori, el hostal parecía una cueva, pero fue una cueva bastante confortable.  El día siguiente cambiamos de cama: Gerd, de Cochsurfing, nos esperaba en su casa.

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(23-07-13, 24-07-13) Me voy a tomar la licencia de juntar estos dos días en una sólo párrafo porque ambos fueron bastante parecidos. Pero Gerd, nuestro anfitrión, sí que merece un epígrafe aparte.

Gerd se levanta de la cama entre las cinco de la mañana y las cinco de la tarde. Gerd nunca trabaja pero siempre está trabajando. Gerd no cocina pero su cocina tiene más ingredientes que la de Arguiñano. Gerd no tiene lavadora porque contrata semanalmente un servicio de lavandería. Gerd comparte tenedor con Chico, su perro. Gerd es como un personaje, pero es uno de los buenos. Con él hemos pasado dos curiosos días por Tallin en los que no nos ha faltado de nada: bueno, al margen de perchas, mesas, sillas, un lavabo y algunas otras cosas sin importancia. Gerd nos dejó dormir en su habitación mientras él dormía en el salón. Un gran gesto, sobre todo si tenemos en cuenta lo ordenado que lo tenía todo cuando llegamos y el follón que le montamos en su cuarto en poco rato.

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Gracias a Gerd recorrimos todos los centros comerciales de la zona en busca de una tienda de campaña que al final nunca nos compramos. Gracias a él pudimos comer muy barato en el Butterfly Lounge, un restaurante de ambiente de la capital de Estonia.

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Gerd también nos enseñó un poquito de la ciudad, aunque el resto lo vimos por nuestra cuenta. Tallin es como una chica tan guapa, tan guapa, tan guapa que le gusta a todo el mundo. 

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Pero como ves que le gusta a todo el mundo, a ti te deja de interesar, porque la ves tópica, típica y lejana. 

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Pero es que es tan guapa, tan guapa, tan guapa, que no puedes dejar de mirarla.

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Si tuviera que compararla con otra ciudad, Tallin tiene mucho de lo mejor y mucho de lo peor de Praga. Lo mejor, parece como si caminaras por un cuento. 

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Lo peor, a veces hay que hacer fila hasta para entrar en el cuento.  Desde luego, agobios al margen, es una ciudad en la que da gusto perderse. Aunque por mucho que lo intentes, tarde o temprano acabarás en el Town Hall

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(24-07-13) Así hemos pasado nuestros días en Estonia, entre el centro urbano y la casa de Gerd. Ahora, tras coger un ferri más grande que el propio Tallin…

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… ya estamos en Finlandia donde empieza la segunda parte de nuestra ruta. Os pongo en situación, ahora estamos en Turku (Finlandia) recogiendo nuestro coche de alquiler. Esta tarde partimos rumbo norte, a la conquista de Laponia. Por el camino nos esperan seis días de carretera y Couchsurfing, con algunos planes ya concertados de antemano como dormir en una especie de comuna hippie, ir a ver un concierto de uno de nuestros anfitriones o llevar a un rebaño de ovejas desde una isla a una ciudad. En el horizonte, la inhóspita Laponia. De momento ya estamos buscando Couchsurfing en esa zona también. Quién sabe, quizá Papa Noel nos ofrezca su sofá. 

5. Riga, La cucaracha de Europa

Casa de Las Cabezas Negras (Melngalvju Nams), en Riga (Letonia)

Dos noches seguidas durmiendo en hostal dan para mucho,  y más si te toca compartir habitación con otros doce. Entre ellos: un grupo de adolescentes de escasa higiene o un extraño latinoamericano que gusta de levantarse gritando a las cinco de la mañana. La historia de este latino debe de dar para escribir un libro: nos lo encontramos con un ojo morado, casi nunca salía de la habitación y dormía siempre con la ropa del día. Aunque sin duda lo peor del hostal era lo mal que olía el primer día.

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4. La cucaracha de Europa

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Dos noches seguidas durmiendo en hostal dan para mucho,  y más si te toca compartir habitación con otros doce. Entre ellos: un grupo de adolescentes de escasa higiene o un extraño latinoamericano que gusta de levantarse gritando a las cinco de la mañana. La historia de este latino debe de dar para escribir un libro: nos lo encontramos con un ojo morado, casi nunca salía de la habitación y dormía siempre con la ropa del día. Aunque sin duda lo peor del hostal era lo mal que olía el primer día. El segundo día mejoró cuando descubrimos que el olor venía de nosotros. Bueno, de nosotros no, de nuestras toallas. Consejo para el futuro: ducharse por la mañana y meter la toalla húmeda a la mochila no es una buena idea.  Hostales al margen, vamos a la guerra.

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(19-07-2013) Como os introdujimos en nuestra última publicación, pasar de Lituania a Letonia fue casi tan complicado como pasar de Polonia a Lituania. Esta vez, todo parecía fácil ya que desde Klaipeda (Lituania) teníamos localizado un autobús que nos dejaría en Riga (Letonia). Pero cuando quisimos darnos cuenta estábamos en la estación de autobuses y no quedaban plazas para ese trayecto. Tras el bajón inicial, de la nada apareció un guaperas lituano ofreciéndonos llevarnos a Riga en su coche. Apenas hablaba inglés pero nuestra amiga Ieva (del Couchsurfing) nos sirvió de intérprete. Aunque era una situación un poco rara no dejaba de ser otra persona tratando de ganarse la vida. Por este trayecto nos cobraría un poquito más que el precio del bus, pero a cambio nos dejaría en tres horas en nuestro destino. No fuimos solos, un par de viajeros más cedieron a sus encantos. El viaje fue movidito porque las normas de tráfico lituanas están para saltárselas: las líneas continuas son decorativas, los semáforos luces de Navidad, los límites de velocidad un número más y hablar por el móvil mientras conduces descalzo algo obligatorio. Aun así, nuestro particular taxista “intereuropeo” controlaba y llegamos a Riga sanos y salvos. 

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El golpe de pobreza que salió a recibirnos a la estación fue interesante. En Vilna vimos poca miseria aunque seguro que la había. En Riga debe de haber tanta que es imposible ocultarla. Da igual la edad, el género o que te vayas a casar… cualquier persona puede pedirte dinero por la calle. Demasiadas emociones en poco tiempo, mejor dormir y prepararse para lo que nos venía.

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(20-07-13) Una vez descansados y solucionado el tema del olor en la habitación, hicimos las veces de turista por Riga. Cuenta la historia que esta ciudad es el escarabajo de Europa, porque al igual que estos insectos sobrevivirían a una potencial guerra nuclear, Riga ha permanecido impasible a los números conflictos bélicos acontecidos ahí.

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Para cuando quieres darte cuenta, has dejado atrás toda la miseria de los suburbios y estás metido de lleno en uno de los cascos históricos más espectaculares que hemos visto. Arte y arquitectura en estado puro: la plaza de la Casa de las Cabezas Negras (la de la primera foto de la publicación), la Iglesia de San Pedro…

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… la Casa de los Gatos, la Plaza Meistaru…

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… cualquier rinconcito es merecedor de dos o tres fotos.

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Y no es algo que sólo deba de pensar yo, ya que los numerosos turistas que plagaban la ciudad hacían lo mismo. Cada vez tengo más claro que el turismo es de lo mejor y de lo peor que le puede pasar a un lugar; lo mejor: el ambiente, lo cuidado que está todo, la seguridad… lo peor: los precios, las aglomeraciones, los timos… Riga es lo más turístico que hemos visto por ahora, y se nota. A pesar de que Letonia debe de tener uno de los niveles económicos más bajos de Europa los precios que hemos estado pagando por algunas cosas han sido verdaderamente abusivos. Entre turismo, fotos, comida tradicional (muy recomendable la cadena de restaurantes Lido), siesta, más turismo, más fotos y más comida tradicional se nos pasó el día.

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(21-07-13) Ayer nos levantamos muy temprano para continuar nuestro viaje por Letonia. Tras quemarnos tres o cuatro veces en la ducha del hostal, fuimos directos a la estación y cogimos un autobús hacia Cesis, una ciudad pequeña enclavada en torno a un paraje natural. Antes de comer, Cesis no parecía tener nada que enseñarnos…

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… después de comer, con la tripa llena, Cesis se convirtió en un lugar donde era obligatorio perderse…

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Este pueblo grande (menos de 30000 habitantes) con mucha historia bélica a sus espaldas esconde edificios, iglesias, monumentos y rincones para aburrir.

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Especialmente destacable su castillo, levantado en el centro de la villa, muy bien conservado y actualmente perfectamente rodeado por un precioso parque.

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El broche a este día llegó cuando a última hora de la tarde fuimos a un parque infantil a jugar a ser niños. Es curioso como a veces con algo tan tonto como un columpio o una ruleta puedes divertirte como cuando tenías seis años.

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(22-07-13) Hoy ya trataremos de abandonar Letonia y meternos en Estonia. Digo trataremos porque con lo mal que se nos está dando lo de cambiar de país no puedo garantizar el éxito. De momento, sabemos de seguro que a las tres de la tarde un tren nos dejará en una curiosa ciudad dividida en dos por la frontera (Valka/Valga). Creemos que desde allí será fácil llegar a Tartu, el primer lugar de Estonia que queremos visitar. Pero el mapa lo aguanta todo y no me extrañaría nada que la próxima actualización del blog se llamara “Atrapados en Letonia”. Por si acaso, no nos perdáis la pista 🙂

1. ¿Quiénes somos ahora y dónde nos creemos que vamos?

Cicloturismo en Budapest (Hungría). Plaza de los héroes.

Poco hemos cambiado desde que hace un año regresáramos de nuestra aventura en la Eurocopa. Alguna cana nueva, algún kilo de más, incluso algún empleo digno. Eso sí, tres de los cuatro integrantes de este nuevo reto todavía no podemos llamar barba a los cuatro pelos mal puestos que nos salen en la cara. Pero si hay algo que este año ha permanecido intacto han sido nuestras ganas de volver a viajar y de hacerlo a nuestra manera.

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