Etiqueta: Finlandia

8. Malmö bajo cero

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Estamos arruinados. Bueno, a ver, arruinados tampoco porque en nuestras huchas-cerdo españolas seguimos guardando algún ahorro. Pero lo que es la cuenta del viaje la hemos dejado a cero. La razón de nuestra crisis tiene nombre propio: Finlandia y Suecia. Recordaréis que nos lanzamos a la aventura con un presupuesto de unos veinte euros persona/día. Con ese dinero en Polonia, Lituania y Letonia se puede vivir como un conde, en Estonia como un marqués y en Finlandia y Suecia te da para vivir con un vagabundo.

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Hemos pasado de dormir por diez euros la noche y comer de restaurante por cinco, a dormir por cerca de treinta euros y a comer fatal por diez. Por no hablar de los viajes: el jueves cogimos un tren de cincuenta euros billete. Para vivir de mochilero en los países nórdicos se necesitarían unos sesenta euros/día. Aun así, nuestra burbuja económica ha explotado el último día por lo que con que ingresemos un poquito más acabaremos el viaje dignamente. Eso sí, sobrevivir en Suecia con una cuenta en números rojos ha sido una experiencia… de mierda. Sentaos que os la cuento.

(31-07-13) La última vez que hablamos estábamos en Turku (Finlandia), devolviendo nuestro bonito coche de alquiler y retomando la dura vida de mochila en espalda. ¿Os acordáis de Heini, la simpática autostopista a la que recogimos en la publicación anterior? Pues desde la distancia aún guardaba una sorpresa para nosotros: una cama gratis en Turku.

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Ellas son Elina (en la cama) y Siiri (en el suelo), las dos amigas de Heini que nos alojaron en su piso esa noche. Elina, de familia de artistas y con novio español, conoció a Heini en el teatro y combina sus estudios de historia, con su vida en el mundo de la farándula y con labores de limpieza de edificios. Siiri, su compañera de piso, estudia francés pero habla muy bien muchos idiomas.  Si hay algo que Finlandia se ha empeñado en demostrarnos estos días es el altísimo nivel de su sistema educativo. Con ellas dos tuvimos otra agradable experiencia Couchsurfing antes de embarcarnos rumbo a Suecia. 

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(01-08-13) Aquí pasamos las primeras doce horas del jueves, en un camarote del ferry Turku (Finlandia) – Estocolmo (Suecia). Teníamos tanto cansancio acumulado en los últimos días que poco más hicimos además de dormir, comer y volver a dormir. El escaso tiempo en que estuvimos despiertos lo dedicamos a hacer un poco de turismo por el ferry, un barco más grande que algunas de las ciudades en las que hemos estado. 

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De todo hay en estos cruceros de corta distancia: supermercados, bares, discotecas, terrazas, cines, salas de juegos, arena para mascotas, recreativos, restaurantes  y, sobre todo, máquinas tragaperras.

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Si algo no nos ha gustado de la sociedad finlandesa es su adicción por el juego. Es muy curioso pero en cualquier establecimiento al que entres en Finlandia está lleno de máquinas de este tipo. Lo más terrorífico de todo es que los menores pueden jugar si van acompañados de un adulto.

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No es nada raro encontrarte a padres iniciando a sus hijos en el peligroso mundo de las apuestas. Finlandia es un país impresionante y nos llevan años de ventaja en muchas cosas, pero la lacra que tienen con el tema del juego es para hacérselo mirar. Entre adictos y adicciones, llegamos a Estocolmo (Suecia) a mitad de tarde.

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Poco tiempo pudimos dedicarle a la capital de Suecia pero lo que vimos nos gustó y nos dejó con ganas de más. Quizá en un futuro, si algún día nos aficionamos a las cosas caras.

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Pero en ese momento no había tiempo de nada, a las 21:30 teníamos que coger un tren cama rumbo a Malmö. Lo llamamos tren cama porque así lo nombraban en la web pero la realidad es que cama sólo tenías si te gastabas unos 75 euros en el billete. Con 50 euros/persona nos dio para cuatro incómodos asientos en un vagón donde ni siquiera se dignaron a apagarnos la luz. Y donde, por supuesto, se escondía un bebé que no paraba de llorar. Destruidos, amanecimos en Malmö.

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(02-08-13) Llegar a una ciudad a las seis de la mañana es otra experiencia… de mierda. A pesar de nuestros innumerables intentos, no hubo forma de conseguir ningún Couchsurfing en Malmö. Tocaba apretarse el cinturón y pagarse algún hostal caro. Pero a esas horas nadie te quiere así que no quedó más remedio que dejar nuestras mochilas bajo recaudo y salir a curiosear.

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Lo bueno del turismo de madrugada es que no hay nadie que te moleste. Más tarde descubrimos que por lo general en Malmö no hay nadie nunca. A pesar de nuestro agotamiento, la mañana nos cundió y pudimos dar un reconfortable paseo por la playa de Malmö…

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… y por alguno de sus innumerables parques. Otra cosa no, pero de parques bonitos en estos países andan sobrados.

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En cuanto pudimos, volvimos al hostal donde habíamos dejado las mochilas y esperamos religiosamente hasta que nuestra habitación estuviera lista. Allí dormimos una agotadora siesta y nos volvimos a recorrer la ciudad. En nuestro paseo vespertino aún pudimos descubrir algún otro impresionante…

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… verde parque…

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… y algo de su casco urbano.

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Bonita ciudad, pero no vale lo que cuesta. En general, hemos tenido la sensación de que Suecia no vale lo que cuesta. Han sido sólo un par de días en este país pero ha sido todo muy diferente al resto de nuestra ruta. Tampoco ayuda que aquí no hayamos podido disfrutar de una experiencia Couchsurfing, que hayamos llegado con la cuenta en números rojos, que llevemos diez días malcomiendo en supermercados o que estemos ya tan bajos de fuerzas. Espero que en el futuro podamos volver y resarcirnos y sentir tantas cosas buenas como hemos sentido hasta ahora. Esta noche cogemos el avión hacia Girona. Ya sólo nos queda la vuelta, pero Nada Incluido no termina aquí. Todavía nos quedan muchas cosas para agradecer y no sé si tendremos palabras suficientes para hacerlo. 

9. Malmö bajo cero

Cenando en un tren cama de Estocolmo a Malmö (Suecia)

Estamos arruinados. Bueno, a ver, arruinados tampoco porque en nuestras huchas-cerdo españolas seguimos guardando algún ahorro. Pero lo que es la cuenta del viaje la hemos dejado a cero. La razón de nuestra crisis tiene nombre propio: Finlandia y Suecia. Recordaréis que nos lanzamos a la aventura con un presupuesto de unos veinte euros persona/día. Con ese dinero en Polonia, Lituania y Letonia se puede vivir como un conde, en Estonia como un marqués y en Finlandia y Suecia te da para vivir con un vagabundo.

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7. Masters of Finland

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Lo recuerdo con frío. No sé si era por los nervios o porque Papá Noel siempre dejaba abierta la ventana de la habitación de mi abuela cuando salía. En Pamplona, los inviernos son duros y yo año tras año me preguntaba lo mismo: ¿por qué no cierra la ventana? Aunque la duda dejaba de importarme en el mismo momento en el que veía todos los regalos que había dejado. Navidad tras Navidad, tú creces mientras la cantidad y el tamaño de los regalos disminuye. Y de repente, con veintitrés años, te encuentras en Finlandia cogido del hombro por el mismo Santa Claus, sonriendo profundamente mientras un duende extrañamente alto te hace una fotografía. Vale, lo sé, todo es un decorado y Papá Noel es un tipo con un disfraz, pero tenemos una foto con el 100% oficial falso Papá Noel. Aun así, conseguirla no fue fácil… ni barato. Será mejor que os empiece a contar la aventura desde el principio.

(28-07-13) La última vez que hablamos os escribimos desde un confortable camping en Sodankyla (Finlandia). Desde ahí nuestra ruta continuó un poquito más al norte, hacia otro camping en Ivalo, muy cerca de donde Finlandia deja de ser Finlandia. Por fin habíamos alcanzado cumbre en este país y lo celebramos en uno de los rincones más bonitos de los que hemos disfrutado en nuestro viaje: el lago Inari.

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Finlandia es un país plagado de lagos, pero ése tenía algo especial. Quizá simplemente era el contexto, lo satisfechos que estábamos por cómo nos estaba yendo todo, la hora que era, las ganas que teníamos de perdernos en algún rincón o el hecho de que fuera la primera tarde que teníamos libre en mucho tiempo.

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Fuera por la razón que fuera en ese lago vivimos un momento verdaderamente especial, con nuestros pies metidos en sus aguas heladas escuchando silencios puros.

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Tras anochecer sin anochecer (para que os hagáis una idea, las fotos de esta parte de la publicación fueron hechos en el momento de menos luz del día), volvimos a dormir.

(29-07-13) Cuando estás en la cumbre, lo único que te queda es bajar. El lunes fue nuestro primer día de descenso, rumbo a Oulu. Antes, tocaba terminar lo que habíamos empezado: debíamos encontrar a Papá Noel. Para ello volvimos a Rovaniemi, una ciudad en la que ya habíamos intentado dormir pero de la que salimos corriendo por sus inviables precios. Pero como os conté, Rovaniemi es la ciudad oficial de Santa Claus así que en algún punto de ahí tenía que esconderse. 

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Sólo teníamos una pista: el Santa’s Park, un parque temático, plagado de tiendas y otros edificios relacionados. Nos perdimos entre compras buscando algún indicio del barbudo bonachón, pero lo único que encontramos fueron gastos, gastos y más gastos y algún cutre imitador.

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Pero con tanta gente revoloteando por ahí, estaba claro que Santa andaría cerca. En el camino nos encontramos con el Círculo Polar Ártico, la paralela que indica el comienzo del ártico.

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Siguiendo la línea acabamos por ver un edificio con un cartel en el tejado: “Santa is here” (Papá Noel está aquí).

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Una elfa salió a recibirnos a la entrada y nos avisó de que dentro de la guarida de Papá Noel estaba prohibido el uso de cámaras. Cómo suele pasar con este tipo de prohibiciones estúpidas, yo hice caso a medias. Para llegar a la habitación donde se escondía, tuvimos que recorrer unas grutas subterráneas en las que hacía tanto frío como en el cuarto donde nos deja los regalos en Navidad. Un numeroso grupo de asiáticos haciendo fila indicaba que ya habíamos llegado a nuestro destino. 

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Si Papá Noel tuviera Twitter, seguro que tendría más seguidores que Shakira. A todo el mundo le gusta. Aunque sólo había gente mayor en ese lugar, todos estaban muy nerviosos, tratando de ponerse guapos para la foto. Llegó nuestro turno. Ahí estaba él, sentado en su trono de Papá Noel, con su blanca y larga barba, con sus zapatos enormes y abrigados y sus gafas de sabio. En ese momento entendí porque hacía tanto frío en ese lugar y en la habitación de los regalos: con esa ropa se tiene que pasar mucho calor. Él nos saludó con toda su bondad e incluso se arrancó con algunas palabras en español. Nosotros nos limitamos a sonreír y a responder tontamente.  El  duende gigante fue el encargado de hacernos la ya mostrada foto…

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… y una elfa muy guapa la encargada de sacarnos los cuartos. Quién algo quiere, algo le cuesta, y eso en Finlandia lo saben muy bien. Veinticinco dolorosos euros nos costó la broma,  y habrían sido 39 si la hubiéramos pedido en digital. Nos bastó con nuestra copia impresa, ya nos encargaríamos nosotros de escanearla. Un palazo en nuestro presupuesto, pero nuestros seguidores bien lo valéis. No fue complicado digitalizar la foto. Haana, nuestra anfitriona Couchsurfing de esa noche, tenía escáner. Poco más cabía en su pequeño piso.

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Me sorprende, para bien, como la gente es capaz de meter a cuatro mochileros en un piso de treinta metros e incluso dejarte su cama. De Haana poquito más podemos decir, una buena chica con la que tuvimos una relación cordial y poco más. Nos enseñó Oulu, su ciudad…

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… pero por el motivo que fuera la conversación no fluyó demasiado. Quizá le imponía el hecho de estar con cuatro hombres a la vez. O, simplemente, era una chica reservada.

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(30-07-13) Abandonamos Oulu temprano para continuar nuestro descenso por Finlandia. Se preveía otro largo viaje en coche, con sus típicos momentos monótonos y aburridos. Pero todo eso cambió cuando al salir de la ciudad nos la encontramos haciendo autostop.

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Ella es Heini, y esta foto nos la hicimos después de compartir dos horas de viaje en coche. No necesitamos más para darnos cuenta de que nos encantabamos y de que nos la habríamos llevado a España. En ese trayecto descubrí que nuestro nivel de inglés aumenta según la persona que tengas delante, según las ganas que tengas de hacerte entender. En nuestro viaje compartimos comida, canciones, dibujos, idioma, regalos y humor, mucho humor.

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Heini es muy diferente al resto de personas que hemos conocido en Finlandia, no necesariamente mejor, pero sí más extrovertida y espontánea. Esta estudiante de teatro respiraba naturalidad. Iba más al sur que nosotros así que cuando llegamos a Petalax, nuestro destino„ le dejamos en un buen punto para hacer autostop y nos despedimos con mucha mucha pena. Ella, una autostopista consagrada, nos dijo que había sido su mejor experiencia de este tipo. Nosotros, en nuestra primera vez recogiendo a alguien, sabemos que será difícil repetir con alguien así. Por supuesto, compartimos toda nuestra información de contacto. Algo me dice que nos volveremos a ver. Apeada Heini, llegamos a la casa de Marie y Johan, nuestros alojadores de esa noche en Petalax. Una agradable pareja con una bonita casa en un precioso país.

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Pasamos sólo una tarde con ellos pero la aprovechamos al máximo: comida, bosque y mar.

 – Comida: ellos fueron los primeros anfitriones de toda Finlandia que nos prepararon algo para comer. Eternamente agradecidos tras tantos días de bocatas de supermercado.

– Bosque: nos propusieron ir a dar una vuelta por un bosque de su propiedad (típico en este país). Nosotros aceptamos la oferta pero íbamos tan mal equipados que se vieron “obligados” a dejarnos chubasqueros y botas. Menos mal, porque llegamos a ir con nuestras zapatillas y volvemos a España descalzos.

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También nos ofrecieron spray antimosquitos pero: ¿cómo va haber mosquitos con el fresco que hace y después de todo el día lloviendo? Había, miles de hecho. Que digo miles, millones. Aunque por lo visto era un mal menor en un bosque donde conviven sapos, abejas, serpientes, alces e incluso osos.

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– Mar: en un pequeño bote de su propiedad dimos una vuelta en torno a la costa.

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Fue una experiencia increíble a pesar de que éramos demasiada gente en algo muy inestable. No hubo que lamentar aguas mayores y llegamos sanos y secos.

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Esta pareja es la misma que nos había invitado a sacar a sus ovejas de una isla, pero debido al tiempo atmosférico y al de nuestros relojes ha sido imposible. Esta vez no, pero prometemos volver. Johan y Marie valen su peso en oro.

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(31-07-13) Ahora ya estamos en Turku, devolviendo el coche en el mismo lugar donde lo cogimos hace seis días. Dejamos atrás un recorrido increíble por un país único. Muy serios, para lo bueno y para lo malo. Reservados. Limpios. Verdes…

… Tranquilos. Despreocupados. Cultos. Caros. Educados. Un modelo en muchas cosas. Un lugar que nos ha aportado mucho y donde creo que hemos aportado mucho. Me gusta creer que Tapsi, Lempi, Johan, Marie, Heini, Janne, Haana… nos recordaran con la misma sonrisa con la que nosotros les recordaremos a ellos. Mañana, a Suecia, a subsistir con lo poquito que nos queda. Permanezcan atentos.

8. Masters of Finland

En Santa's Park de Rovaniemi (Finlandia) es un parque temático en honor a Papá Noel donde te puedes hacer una foto con el verdadero falso Santa Claus

Lo recuerdo con frío. No sé si era por los nervios o porque Papá Noel siempre dejaba abierta la ventana de la habitación de mi abuela cuando salía. En Pamplona, los inviernos son duros y yo año tras año me preguntaba lo mismo: ¿por qué no cierra la ventana? Aunque la duda dejaba de importarme en el mismo momento en el que veía todos los regalos que había dejado. 

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6. La noche blanca

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En el último rincón del último pueblo de la última región de Finlandia también encontrarás a alguien que hable inglés. Da igual edad, da igual sexo, da igual clase social. Preguntar a un finlandés si habla inglés es como preguntar a un español en España si hay un bar cerca. El nivel educativo de esta gente deja todavía más en evidencia nuestro cutre nivel de inglés de libro de colegio. También llama la atención su respeto por la naturaleza y el hecho de que las bicis en Finlandia no las dejen encadenadas a ningún sitio. Probad a hacer eso en España y me contáis. Aunque no es oro todo lo que reluce, ya que su clima extremo y su escasa densidad de población hacen esta sociedad un tanto fría. Por supuesto, hay excepciones:

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Ella es Lempi, una chica finlandesa a la que conocimos en Tallin (Estonia). Bastó una conversación tonta sobre qué día de la semana era para que nos acabara ofreciendo su casa en Tampere (Finlandia). Lempi, con 25 años, ha vivido más de lo que muchos haremos en toda nuestra vida. Desde la mayoría de edad lleva viajando sola y gratis por el mundo, mediante autostop y Couchsurfing. A su lado nosotros somos una parodia de mochileros. Fue en su casa donde pasamos nuestra primera noche en Finlandia.

(25-07-13) Nuestra última publicación terminó en Turku (Finlandia) donde acabábamos de recoger nuestro coche de alquiler. Pues bien, una vez con las llaves en nuestro poder…

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… nos dirigimos a Tampere, donde nos esperaba el hogar de la ya mencionada Lempi pero sin Lempi.

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Sin problema, telefónicamente nos dio las indicaciones de en qué maceta podríamos encontrar la llave para entrar. Lo más normal del mundo. En su preciosa casa de madera nos encontramos con Janne, uno de sus cuatro compañeros quien, una vez superada la sorpresa inicial (no fue muy grande, debe de estar acostumbrado), nos enseñó nuestra nueva casa y nuestra nueva cama.

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Cada cual a su manera pero todos nos quedamos bastante impresionados de lo que vimos ahí dentro. Era como una comuna hippie pero sin hippies ni comunas. Dentro de esas cuatro paredes todo era de todos.

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Por haber había hasta un folio en el que quedaban recogidas las normas y derechos de los invitados. Si tenéis algo de tiempo (y entendéis un poco de inglés), os invito a que lo leáis. No tiene desperdicio:

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(26-07-13) Ahí pasamos la noche, como uno más, y de ahí nos fuimos sin ducharnos, como uno más. No había ducha. Me pregunto cómo hace esta gente para mantenerse limpios. De nuevo a la carretera, y tras otro largo día de viaje con alguna parada para descansar…

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… llegamos a Kajaani, hogar de Tapsi.

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La vida de este hombre también es para contarla. A sus sesenta y tantos años trabaja en el teatro y es el líder de una banda de rock de los 60. También tengo la teoría de que en Navidad se viste de rojo y reparte regalos a los niños del mundo. Esta información no la tengo contrastada, tan sólo su barba blanca y el hecho de que su casa esté absolutamente llena de cosas me invitan a pensar que eso es así.

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Casualmente, esa noche en Puolanka, un pueblo “cercano” a Kajaani, iba a actuar Tapsi con su banda. Sobra decir que nosotros no nos lo perdimos. El recibimiento en el bar fue bastante duro: no había nadie y encima nos cobraron entrada y bebida a precio de oro. Cuarenta euros pagamos por los tickets (seis euros cada uno) y por cuatro bebidas (y eso a pesar de ganarnos el favor de una de las camareras). Cuando habría unas ocho personas en el bar, dio comienzo el concierto con una canción en nuestro honor: “La bamba”. Nuestro anfitrión y su banda suenan muy muy bien.

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Poco a poco el garito se fue llenando aunque nosotros nunca conseguimos pasar a un segundo plano. Como si fuéramos una cuadrilla de monos, persona que entraba por la puerta, persona que “jugaba” con nosotros. Así pasamos la noche entre Elvis, los Beatles y Chuck Berry, bailando mal y bebiendo caro.

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Pero después de medianoche vinieron los macarras del lugar, se enrareció el ambiente, y tuvimos que acabar por irnos para no acabar a tortazos con alguno. Lo más curioso es que cuando entramos al pub era de día (22:30) y cuando salimos (02:00) ya había amanecido. Los finlandeses llaman a este fenómeno la noche blanca, algo común en los veranos de este lugar del mundo. Pesé a la luz, nada nos impidió dormir.

(27-07-13) Tras recoger nuestras pertenencias y ducharnos en una sauna que el propio Tampsi había montado en su desván…

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…seguimos nuestra ruta hacia Rovaniemi, la capital de Laponia.

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Esta es la típica carretera finlandesa. Buen asfalto y bosques y lagos alrededor. Como curiosidad, en algunos puntos del país las carreteras se ensanchan y sirve como pista improvisada para aterrizajes de emergencia. Y conforme más al norte estás, más espectaculares se vuelven los recorridos… y más renos te encuentras. En nuestro camino a Rovaniemi se nos cruzaron más de una decena de estos aparentemente simpáticos animales.

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Con más calma que prisa llegamos a nuestro destino, donde pensábamos que podríamos dormir. Pero no, resulta que Rovaniemi ha sido designada como la ciudad oficial de Santa Claus y es imposible encontrar un sitio donde descansar por menos de treinta euros la noche. En Navidad Papá Noel es todo generosidad pero en verano es un sacacuartos. En qué vimos que en Rovaniemi las cuentas no salían de ninguna forma, nos acordamos de que nosotros siempre habíamos sido más de Reyes Magos y seguimos nuestro camino hacia el norte, hasta Sodankyla, el lugar desde donde ahora os escribimos.

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Aquí hemos dormido en un bonito y barato camping cerca de la punta del país. 

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Ahora continuaremos nuestro viaje todo lo arriba qué podamos. Más allá de eso, sólo hay un Polo Norte. Oficialmente ahora amanece sin haber anochecido por lo que ahora sí que sí los días duran 24 horas de sol. De momento estamos disfrutando mucho de nuestro paso por Finlandia, de su gente y de sus costumbres, aunque estamos haciendo equilibrios económicos para poder llegar a fin de viaje. Lo mejor de todo es que el clima ha mejorado por lo que ya podemos decir, oficialmente, que hemos llegado a Laponia con chancletas.

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