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5. Essaouira – La gaviota y la cámara

No tendría más de diez años cuando la primera cámara digital llegó a mis manos. La calidad de aquel aparato dejaba muchísimo que desear, pero ese día nació en mí esta atracción por capturar los momentos que vivo. Hoy, casi 20 años después, esa inquietud se ha convertido en mi forma de vida y, en lugares como Essaouira, solo puedo agradecer que aquella obsoleta cámara apareciera un día por mi casa.

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11. Merzouga – Durmiendo en el desierto de Marruecos

9 millones de kilómetros de extensión. Si el desierto del Sáhara fuera un país, este sería el quinto más extenso del mundo, siguiendo muy de cerca a Estados Unidos. O lo que es lo mismo, casi todos los países del planeta miden menos que el Sáhara. Las cifras cifras son, pero ayudan a entender la inmensidad de este lugar. Así son Merzouga y las dunas de Erg Chebbi, la parte más bonita del desierto de Marruecos.

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10. Las gargantas del Todra y Tinghir – Cuando nadie te ve

Todos tenemos dos caras, incluso alguna más. Nadie es igual con una persona que con otra, en un contexto que en otro. Con los destinos turísticos pasa lo mismo: no son iguales cuando hay turistas delante que cuando no los hay. Reflexiones de mi paso por las gargantas de Todra y Tinghir, dos rincones de Marruecos con varias caras.

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8. Ait Ben Haddou – El día después

No creo que me pasen más o menos cosas que a los demás, pero sí que reflexiono mucho sobre cada situación que vivo. Casi cualquier momento intrascendente, cotidiano o rutinario puede convertirse en un aprendizaje viéndolo con la perspectiva adecuada. Por eso me gusta tanto viajar así, sin planes preestablecidos. Porque las lecciones que te da la vida cuando no las esperas son las mejores. Reflexiones de mi paso por Ait Ben Haddou.

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