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3. Melón con jamón

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Todavía no hemos pisado un McDonalds. Lo que para vosotros igual puede parecer una tontería, a nosotros nos hace mucha ilusión. El año pasado, a estas alturas de viaje, ya nos habríamos dejado caer siete u ocho veces por este restaurante. Pero ahora ya no lo necesitamos. Nos ha costado, pero hemos aprendido a comer bueno, típico y barato en cualquier lugar. Una prueba evidente de que hemos madurado como mochileros. La misma madurez de la que echamos mano para salir de Polonia.

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(16-07-13) Recordaréis que la última vez que hablamos estábamos atrapados en el Malibú, un motel de carretera en la frontera entre Polonia y Lituania. Pues bien, no fue fácil pero acabamos saliendo. Autobús mediante, abandonamos ese lugar para volver a Ketrzyn, la ciudad polaca más cercana a Lituania. Una vez allí la amable señorita encargada de vender los billetes de autobús entre países nos dijo que ese día ningún autobús nos llevaría al país vecino. Pero no lo dijo en buen tono ni con una sonrisa, sino gritando y comportándose como una histérica.

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Pero lejos de rendirnos, decidimos hacer su trabajo, desempolvamos el manual del mochilero intrépido y utilizamos nuestra inteligencia para buscar entre las distintas webs de autobuses polacos. Con lógica y paciencia, dimos con un autobús que salía de ahí al mediodía y nos llevaría a Vilna (capital de Lituania). Antes de cogerlo aún nos dio tiempo a ayudar a dos  viajeras polacas que trataban de hacer lo que nosotros habíamos hecho el día anterior: cruzar la frontera Polonia – Lituania a dedo.

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Como parecía que tampoco tenían demasiado éxito, decidimos acercarnos a ellas y enseñarles a salir de ahí en autobús. Debieron de seguir nuestro consejo porque acabaron siendo nuestras compañeras de viaje. Cinco horas después estábamos en Vilna.

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Allí tuvimos la suerte de encontrar el Fortuna, un hostal con más comodidades que un hotel de cinco estrellas: baño por habitación, una gran cocina, sala de juegos, lavandería, limpieza… Probablemente, el mejor hostal por el que hemos pasado en todas nuestras aventuras. Recargadas las pilas y ya sin mochilas, dimos una vuelta por el casco viejo de la capital lituana, algo más que recomendable.

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Terminado el paseo era la hora de cenar. Pero a cenar no íbamos a ir a cualquier sito, si no a un restaurante que nos había recomendado José, nuestro amigo canario al que conocimos en nuestro Eurotrip del año pasado. Alaus Baras (el Bar de la cerveza), un lugar conocido por su cerveza casera y por su comida tradicional. Exótico pero sabroso, diferente pero barato.

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Cenados, vuelta nocturna por la capital y a dormir a nuestro hostal de lujo.

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(17-07-13) La mañana siguiente la decidimos pasar en Trakai, una ciudad cercana a Vilna con mucho atractivo turístico. Pocos lugares pueden presumir de tener un castillo en medio de un lago.

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De nosotros para vosotros, tampoco es un sitio que merezca demasiado la pena. Es bonito, pero no como para pagar una entrada con nuestro presupuesto de veinte euros diarios.

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Tras comer en un restaurante temático, volvimos a Vilna, recogimos nuestras pertenencias  y recorrimos la ciudad bajo la lluvia hasta la casa de Justyna, nuestra Couchsurfing de ese día.

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Caótica Justyna, una divertida pero desorganizada lituana con un altísimo nivel de inglés pero con un piso no demasiado preparado para meter a dormir a cuatro más. Aun así, a ella le hicimos algo que no habíamos hecho con ninguno de nuestros anfitriones anteriores: le preparamos una comida típica española; pan con tomate, variado de fiambres, y melón con jamón. No estamos seguros de sí el melón con jamón le gustó demasiado, ya que apenas cogió un par de trozos. Nos gusta creer que no tenía hambre. En nuestra defensa diremos que estaba bueno. Cenados y reídos, momento de encontrar nuestro hueco para dormir.

(18-07-13) Había llegado la hora de salir de Vilna, pero todavía era pronto para abandonar Lituania. Junto a la costa nos esperaba Klaipeda.

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Fue fácil llegar aunque bastante cansino; en un autobús en el que quien no hablaba a gritos por el móvil, llevaba un gato encima o un bebé recién nacido que no paraba de llorar. Una vez en Klaipeda, aprovechamos el poco tiempo que teníamos para ver una impresionante isla muy cercana a la ciudad, cubierta de bosques y con unas largas playas de arena blanca. 

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Como curiosidad decir que la isla estaba dividida en distintos tipos de playa: la mixta, la de mujeres, la de hombres y la playa nudista. Como suele pasar en estos casos, imagino que la playa de mujeres estaría llena de hombres, que en la playa de hombres no habría nada, que la mixta se llenaría de familias y que en la nudista sólo habría curiosos.

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Nosotros nos decantamos por la mixta y allí disfrutamos de uno de los momentos más relajantes del viaje.

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Tras abandonar la isla fuimos a casa de Lukas, nuestro Couchsurfing de esa noche. Con Lukas, con su hermano, con la novia de Lucas (Greta) y con la amiga de la novia de Lucas (Ieva) hemos pasado una noche verdaderamente divertida, con show de magia en vivo, momentos musicales, beatboxing, cervezas homemade, duchas frías, sopa y más melón con jamón.

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(19-07-13) Ahora os escribimos ya desde Riga, la capital de Letonia, donde un bofetón de pobreza nos ha salido a recibir a la estación. Ahora estamos en un hostal reponiendo fuerzas porque la salida de Lituania ha sido bastante intensa. De ese país nos vamos con un muy buen regusto y empiezo a tener la sensación de que no va a haber sitio en el mundo que no merezca la pena. ¿Cómo hemos salido de Lituania? Os lo contamos en el próximo post pero os adelantamos que la única norma de tráfico en Lituania es sobrevivir

2. Malibú nigth club

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Atrapados en un motel de carretera os escribimos este post. Una mala jornada de autostop nos ha llevado a un punto sin salida en la frontera entre Polonia y Lituania. Mientras buscamos una salida (las hay, no cunda el pánico), os contaremos la historia desde el principio.

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Estos son Alicja y Milwo, la entrañable pareja que nos ha alojado en Olsztyn. Con Alicja contactamos por Couchsurfingy con Milwo por ser el novio que le acompaña. En su casa hemos tenido una de nuestras mejores experiencias Couchsurfing:

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Habitación confortable, baños limpios, comida típica en cantidades industriales y, sobre todo, grandes personas. Tanto ella, como sus padres y su novio nos demostraron en  poquito tiempo muchas de sus virtudes y ninguno de sus defectos. Con ellos descubrimos el encanto de Olsztyn, la capital de la región polaca conocida como la de los mil lagos. 

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También nos enseñaron el casco histórico, un casco viejo no demasiado viejo ya que fue arrasado en la Segunda Guerra Mundial. Desconozco como era antes pero la reconstrucción le ha sentado bien.

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Visto todo lo que un mochilero puede ver en medio día, volvimos a casa, a cenar abundante y a dormir no demasiado. Necesario madrugón si queríamos llegar el día siguiente a Lituania.

(15-07-13) Una vez nos despedimos de nuestros perfectos anfitriones, hicieron falta un tren y un autobús para acercarnos a la frontera de Polonia con Lituania. Por el camino hicimos escala en un par de ciudades 100% obreras de Polonia pero con muy poquito encanto turístico.

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Ya cerca de la frontera, y ante la imposibilidad de cambiar de país en algún medio de transporte normal, decidimos retomar nuestra vieja costumbre del autostop.

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Pero… somos cuatro, ¿cómo vamos a encontrar a alguien que nos lleve a los cuatro? Desde el principio, tuvimos claro que iba a ser complicado, así que nos dividimos en pareja, al más puro estilo Pekin Express. En la teoría, Víctor y Diego serían los primeros en salir de ahí. En la práctica, tras una hora con el cartel levantado, sólo nos paró un coche.

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Lo bueno es que en el coche de nuestro buen amigo Alguis cupimos los cuatro y que nos iba a dejar justo al lado de la frontera. Lo malo es que estando en medio de la nada puedes estar dos horas haciendo autostop y que no te pare nadie. Y así ocurrió, aunque echáramos mano de todas las combinaciones posibles, de toda nuestra belleza, de nuestros trucos y de nuestra sonrisa… nadie nos paró nunca. Estábamos atrapados en Szypliszki.

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Habría que dormir ahí. Pero ¿dónde es ahí? Ahí es un lugar de paso, con una gasolinera y algunos moteles de carretera de dudosa moralidad. En este contexto, se nos iluminó el cartel del Malibú, donde nos ofrecían cama a un precio más que asequible. A su favor diré que el cutrísimo aspecto exterior del lugar nada tiene que ver con el interior, donde se esconden unas habitaciones feas pero bastante limpias y cuidadas. En medio de la nada esconde secretos detrás de sus carteles de neón.

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El plan A falló. El plan B falló, El plan M no fue suficiente. Pero el abecedario tiene otras 24 letras. Tenemos todo el día de hoy para encontrar la letra que buscamos y llegar por fin a Lituania.

2. Como Pedro por su casa

Dos mochilas de viajeros en un autobús de Gdansk (Polonia)

(12-07-13) En el tren que nos llevaba de la estación de Sants al aeropuerto de Barcelona, un grupo de músicos callejeros subió a amenizarnos el trayecto. Terminada la función, llegó el momento propina en el sombrero pero con nuestro bajo presupuesto este tipo de actos debemos evitarlos. Eso sí, no se fueron con las manos vacías,  ya que un apetitoso bocadillo de lomo con pimientos de mi abuela fue para ellos. Un manjar por el que en cualquier bar español te cobrarían 5 o 6 euros. Sin duda, ese fue el mejor momento de un viaje de ida un tanto pesado.

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1. Como Pedro por su casa

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(12-07-13) En el tren que nos llevaba de la estación de Sants al aeropuerto de Barcelona, un grupo de músicos callejeros subió a amenizarnos el trayecto. Terminada la función, llegó el momento propina en el sombrero pero con nuestro bajo presupuesto este tipo de actos debemos evitarlos. Eso sí, no se fueron con las manos vacías,  ya que un apetitoso bocadillo de lomo con pimientos de mi abuela fue para ellos. Un manjar por el que en cualquier bar español te cobrarían 5 o 6 euros. Sin duda, ese fue el mejor momento de un viaje de ida un tanto pesado.

A la llegada a Gdansk, a media noche, nos esperaban Diego y Víctor, quienes habían ido un día antes a modo de avanzadilla. Tiempo más que suficiente para disfrutar de la hospitalidad polaca de Joanna.

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 Turismo, cervezas, y el clásico error de primero de mochila que es llevarla todo el día encima. Una vez juntos y tras dormir en nuestro hostal polaco favorito, salimos a recorrer Gdansk.

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(13-07-13) Tal y como la dejamos, así estaba la ciudad un año después de nuestra última visita: con sus casitas de colores, su calle del ámbar, sus numerosos mendigos… Gracias a nuestra experiencia previa no nos resultó nada complicado movernos por la ciudad. En cada momento sabíamos adónde ir, cómo hacerlo, dónde comer, qué ver…

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 Por la tarde, más de lo mismo pero esta vez en Sopot. Sopot es una ciudad situada a veinte minutos de Gdansk, conocida por su playa, sus lujos, su fiesta y su postureo en general. 

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Una atractiva combinación de elementos que hace de este sitio un lugar estupendo para pasar el día… o la noche. Pero nosotros nos pasaríamos la noche en Sopot si no en Gdansk, más concretamente en la cama del hostal. Había llegado la hora de reponer las pocas fuerzas que ese día habíamos gastado.

(14-07-13) Hoy hemos amanecido pronto para prepararnos para nuestra siguiente etapa: Olzstyn. Dicen que Olzstyn es la única ciudad del mundo donde son las mujeres las que sacan a bailar al hombre. La verdad es que eso no lo hemos podido comprobar pero que de hospitalidad polaca andan sobrados… os lo aseguramos.

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Os presentamos a Alicja y a Milosz, esta joven y simpática pareja que nos aloja en su casa y que ahora espera pacientemente mientras escribimos el blog. En la próxima actualización, ya desde Lituania, os hablaremos un poquito más de ellos. Si llegamos, porque lo que viene a partir de ahora se prevé movidito.

1. ¿Quiénes somos ahora y dónde nos creemos que vamos?

Cicloturismo en Budapest (Hungría). Plaza de los héroes.

Poco hemos cambiado desde que hace un año regresáramos de nuestra aventura en la Eurocopa. Alguna cana nueva, algún kilo de más, incluso algún empleo digno. Eso sí, tres de los cuatro integrantes de este nuevo reto todavía no podemos llamar barba a los cuatro pelos mal puestos que nos salen en la cara. Pero si hay algo que este año ha permanecido intacto han sido nuestras ganas de volver a viajar y de hacerlo a nuestra manera.

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