Junto a una fumarola en el Parque Nacional Rincón de la Vieja (Costa Rica)

7. Rincón de la Vieja y Liberia, el europingüino

Reconozco que a simple vista puedo parecer un tipo serio y que sin conocerme puedo transmitir cierta sensación de frialdad. Y eso no es algo que de por sí me guste, pero mi prudencia muchas veces me precede. Antes de dejarme llevar siempre trato de analizar en frío el entorno en el que estoy. Pero cuando dejo a un lado mi disfraz de europingüino, puedo sacar a relucir una persona emocional y profunda, cargado de sentimientos, como un volcán a punto de erupción. Así me encontré el Volcán Rincón de la Vieja en mi paso por la región de Guanacaste.

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6. Puerto Viejo y Cahuita – El bombón suizo

Mientras esperaba en una parada de autobús, una joven tica se sentó a mi lado. Aunque apenas intercambiamos un simple “Hola” de cortesía, después de un tiempo me di cuenta de que me observaba fijamente. Poco acostumbrado a este tipo de situaciones permanecí serio e impasible, mirando al frente. Al rato la chica sacó una caja de bombones y me dio uno. Inicialmente lo rechacé pero ella insistió: “Venga, coja, son suizos”. Antes de que tan siquiera pudiera darle las gracias, desapareció. Algunos pensaréis que trataba de ligar conmigo pero yo creo que aquello fue un gesto de espontánea generosidad. Ella se sintió bien dándome el bombón y yo recibiendolo. Felices los dos. Detalles entre desconocidos que le hacen pensar a uno: ¿por qué somos tan celosos de lo nuestro? ¿Por qué nos cuesta tanto compartir? Desde luego el destino nos guarda sorpresas y aquella parada de autobús fue para mí una pequeña lección de vida. Una lección de generosidad que recibí durante mis días de viaje por Puerto Viejo y Cahuita.

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Paseando por un sendero del Bosque Nuboso de Monteverde (Costa Rica)

5. Monteverde, tinieblas

¿Alguna vez os habéis planteado cuántas cosas pensamos que son propias de nuestra naturaleza y sin embargo son puramente culturales? El papel del a familia, la importancia de la comida, el significado de un beso, de un abrazo, del sexo, de una sonrisa, el valor del dinero, del tiempo, de la vida, de la muerte… son elementos que, aunque parezcan internacionales, varían en cada cultura. Y cuando viajas te das cuenta de que muchas veces la vida no es lo que es sino lo que alguien ha decidido que sea. Una reflexión que me despertó mi paso por Monteverde.

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En la playa de Santa Teresa, en Costa Rica

4. Montezuma, Santa Teresa y Mal País, pura vida

No me gustan los tópicos. Desde que viajo me he dado cuenta que una buena parte de nuestras ideas sobre el mundo se construyen en torno a clichés, prejuicios y la opinión de “un amigo de un amigo”. Así pues, cuando llegué a Costa Rica pensaba que “Pura vida” era la típica frase que dicen los turistas pero no dice nadie del país. Nada más lejos de la realidad. Pura vida es una expresión básica en el diccionario cotidiano del tico, siendo una forma de saludar o de dar las gracias, o incluso un adjetivo para definir a alguien. Pero más allá del diccionario, Pura vida también es una forma de entender la vida. Pura vida es lo que encontré en mi paso por Montezuma, Santa Teresa y Mal País.

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Vistas del Volcán Irazú desde lo alto de la torre (Costa Rica)

3. Volcán Irazú, Poás y la Catarata de la Paz, el conquistador

Son muchos los que alucinan cuando digo que cuando viajo trato de buscar dormir en casas de lugareños, y que yo ofrezco alojamiento en Zaragoza a otros viajeros. Cuando trato de explicarles por qué para mí es la mejor forma de ver mundo, ellos zanjan con un contundente: te van a robar. Si por robar entienden tratarte de maravilla, llevarte a lugares exclusivos, cuidarte como si fueras familia o darte más de lo que ellos mismos tienen… sí, me están robando, y mucho. Para todas esas personas con dudas va esta publicación, que recoge mi viaje por los volcanes Irazú, Poas y la Catarata de La Paz.

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Fachada del Teatro Nacional de Costa Rica, en San José

2. San José, con gusto

Por muy seguro que me he mostrado en todo momento con respecto a este viaje y al hecho de hacerlo solo, he de reconocer que la última noche en España se me hizo muy dura. Una terrible combinación de cansancio, sueño, nervios, estrés y nostalgia fue desgastándome durante todo el día hasta llegar a la cama con el ánimo en los pies. Somos animales de costumbres, y por muy fuerte que seas a tu cabeza no le gusta nada cambiar tu agradable rutina social y laboral en Zaragoza, por un mes en el otro lado del mundo jugando a improvisar. Eso sí, tan pronto como cogí el avión se me pasó toda la tontería y salió adelante el Sergio feliz y viajero. El mismo que ahora os escribe desde San José, la capital de Costa Rica.

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