Zelenkovac – La ecoaldea que esquivó la guerra de Bosnia
Un grupo de lugareños charlan, fuman y beben junto a la barra de una sala de madera decorada de forma extravagante. Todavía es verano, pero la chimenea es más que necesaria porque la temperatura va a caer tan pronto como el sol se esconda. En medio de los parroquianos está Boro, un serbio de barba tupida que mira de reojo a los pocos turistas que estamos allí. Allí es Zelenkovac, su casa, una ecoaldea levantada desde cero en otra de esas comarcas donde Bosnia y Herzegovina luce su magia natural.

La última vez que hablamos fue sobre Jajce, la que fue capital del extinto reino de Bosnia allá por el siglo XIV. A unos 20 minutos de esta urbe se encuentra Zelenkovac, un lugar al que llegué por casualidad en verano de 2015, pero al que he regresado «de propio» con distintos grupos de aficionados a la fotografía. Y es que lo mío con este sitio fue un flechazo, un amor tan fuerte que tenía claro que sería una de las paradas de mis sucesivos viajes organizados por el país.
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Cómo llegar a Zelenkovac
Aunque está ubicada a unos 40 minutos de Banja Luka, la capital de la República Srpska (una de las dos entidades del país, la de mayoría serbia), y a 20 de la ya presentada Jajce, Zelenkovac es un poblado tan remoto que solo es accesible en vehículo privado. Se encuentra cerca de la localidad de Mrkonjić Grad, aunque vas a necesitar de GPS o de algún local para dar con el sitio exacto. Ten en cuenta que la única señal que hay sobre su paradero es un cartel escrito en cirílico con la palabra Zelenkovac justo a la entrada del camino que te lleva allí.
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Dormir en Zelenkovac, un alojamiento rural al norte de Bosnia
Esta localidad tan particular es, en sí misma, un alojamiento rural y ecológico, donde puedes pasar la noche en bungalós a muy buen precio. A día de hoy, Zelenkovac cuenta con más de una decena de cabañas de distinto tamaño y unas cuantas plazas para acampar, aunque ese plan solo me parece sensato en días calurosos de verano.
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Todas las cabañas disponen de una cocina pequeña, pero perfectamente funcional, por lo que puedes llevarte la compra y hacer la comida o, si lo prefieres, encargarla en el edificio principal, ese que hace las veces de bar – restaurante – recepción – club social – museo – oficina de turismo – confesionario – lo que surja. Aunque en Bosnia en general y en ese territorio en particular son muy «cárnicos», que sepas que en mi última visita, en 2025, nos ofrecieron alternativas vegetarianas, lo que me sorprendió bastante. Y estaba rico, por cierto.

La historia de Zelenkovac
La historia de Zelenkovac no es otra que la de Borislav Jankovic, el responsable de que esto exista. Solo hace falta cruzar una mirada con él para darte cuenta de que estás con alguien muy especial. Parece un hombre reservado, pero todas las veces que he pasado por allí ha estado encantado de charlar conmigo y mis acompañantes.

Por lo que nos contó, Boro, así le llaman, había heredado un molino de sus padres en este lugar y, tras terminar sus estudios artísticos, decidió instalarse en él a inspirarse y trabajar. Aprovechando los recursos que le daba el entorno, fue desarrollando su profesión y empezó a darle a ese viejo molino la hipnótica forma que tiene en la actualidad.

Poco a poco, Boro fue convirtiendo este territorio en un punto de encuentro con otros amigos y artistas, hasta que una historia de amor se cruzó en su camino y lo llevó a Rusia. Su periplo por el este duró hasta que la guerra estalló en Bosnia y Herzegovina, a principios de los 90, y decidió regresar. Borislav no quería estar lejos de su tierra y de su gente en un momento tan complicado, pero se negaba a blandir un arma, así que utilizó sus conocimientos de escritura y de cámaras para trabajar como periodista en Banja Luka, su ciudad natal. Empezó preparando reportajes sobre dicha guerra, pero aquello le producía tanto sufrimiento y rechazo, que acabó encargándose de la información del tiempo.

Cuando la guerra terminó a mediados de los 90, Borislav regresó a Zelenkovac, encontrándose el asentamiento prácticamente intacto, un hecho inesperado en un país sumido en el caos y la destrucción. De inmediato retomó su sueño, aunque cambió su idea de hacer una comuna para artistas por la de una ecoaldea turística. Con sus manos y la de algunos amigos, conocidos, voluntarios y el apoyo de organismos internacionales, Zelenkovac fue adquiriendo el aspecto actual, un espacio donde la naturaleza es la gran protagonista.
La naturaleza en la zona
Solo hay que escuchar la potencia con la que discurre el riachuelo de las inmediaciones para entender por qué sus padres pusieron un molino. Desde luego en Zelenkovac nunca va a faltar el agua, lo que ha permitido el desarrollo de un frondoso bosque donde predominan los abetos y las hayas, algunos con varios siglos de vida. Hasta en los días más calurosos del año, apetece dormir tapado, ya que la temperatura suele caer por las noches y la humedad lo impregna todo.

Pero no solo de árboles vive Zelenkovac. En mi vida había visto (ni veré) tantas variedades de setas en menos espacio. Laderas plagadas de hongos de todo color, tamaño y forma, algunos fascinantes. Parte del éxito de Borislav es que ha conseguido que ese paraje de belleza natural esté ahora protegido por el gobierno bosnio.
Si quieres salir a tomar todavía más el aire, aprovecha tu estancia para darte un paseo por alguno de los senderos boscosos que rodean este alojamiento rural. Aunque están bastante despejados y, a priori, no tienen mucho peligro, no te alejes demasiado si no eres un senderista muy experimentado, ya que no hay mucha señal en los caminos ni en el móvil; vamos, que no hay cobertura.
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Un espacio natural con mucho arte
Aunque Boro terminó por desechar su sueño de montar allí una comuna de artistas, el arte, en todas sus formas, está muy presente en Zelenkovac. Dentro y fuera de cada una de las casas que conforman este complejo se encuentran fotografías, cuadros, esculturas y otras piezas creadas por él o por algunos de sus colegas.

La galería de Borislav Jankovic
En el propio bar – restaurante – recepción – lo que surja vas a poder ver algunas de las obras de Borislav Jankovic colgadas en la pared. Pero si quieres ver más de su trabajo artístico, en la segunda planta de este mismo edificio hay una galería donde están recogidas muchas de sus obras. Sin entender nada de artes plásticas, está claro que Boro es un pintor auténtico y muy especial.
El festival de jazz de Zelenkovac
Pero si por algo es conocido Zelenkovac es por su festival de jazz, un evento que junta a músicos de Bosnia y de países vecinos, aunque también ha tenido figuras internacionales. Esta celebración atrae a mucha gente todos los años, llenando el alojamiento y la zona de acampada. Pese a que no he podido disfrutarlo personalmente, tiene que ser un placer vivir una experiencia así en un paraje como este. ¡Ojalá algún día!
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Si has llegado al final de este artículo, me gusta pensar que, lo siguiente que vas a hacer es incluir Zelenkovac en tu inminente o futuro viaje a Bosnia. Porque aunque no vas a encontrar casi ninguna guía que lo recomiende, te aseguro que el sueño de Borislav merece ser vivido y compartido. Se abren los comentarios.
Más información interesante en mi guía de Bosnia y Herzegovina
(Post publicado originalmente el 11/05/23 y actualizado el 11/01/26).





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