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7. Lima y Huachipa; pase, amigo

En un país donde se pueden encontrar casi 2000 variedades de patatas diferentes es complicado pasar hambre. La posición de Perú en el mapa, su consiguiente clima y su geografía favorece enormemente a la agricultura y a la ganadería y el alimento es muy asequible para el bolsillo. Hemos llegado a comer de menú (dos platos, postre y bebida) por 5 soles (unos 1,5 euros). Vale, el salario mínimo en este país es de unos 700 soles (menos de 200 euros), pero las cuentas salen. Eso sí, pobreza y desigualdades sociales te encuentras en casi cada esquina. Es por eso por lo que consideramos que Perú podía ser una buena oportunidad para hacer algo de voluntariado. Y ha costado pero por fin lo hemos conseguido.

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6. Perros de Machu Picchu

La pirámide Chichén Itzá (México), el Coliseo de Roma (Italia), la estatua del Cristo Redentor (Brasil), la Gran Muralla (China), Petra (Jordania), el Taj Mahal (India) y el Machu Picchu (Perú). Monumentos que, tras un concurso internacional realizado en 2007, fueron elegidos entre 100 millones de votos como las siete maravillas del mundo. Concurso polémico y no reconocido por los más puristas (la UNESCO entre otros). Independientemente de esto, está claro que el hecho de que te cuelguen esta etiqueta puede cambiar la historia de un lugar, de una región, y de un país. Monumentos de una belleza inigualable, escondidos en sitios privilegiados y explotados turísticamente hasta la extenuación. El sábado tuvimos el placer de visitar uno de ellos. Aunque antes hubo que llegar. El camino también fue maravilloso.

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5. Cuzco, NONG

Desde la llegada a Cuzco, las cosas no han salido como esperábamos, desgraciadamente. Hoy la publicación va a ser un poco diferente, porque no tengo tanto viaje que contar. Sin embargo, sí que me gustaría aprovechar para aclarar algunas cosas… y para pedir perdón. Hay veces que se toman decisiones que pueden afectar a los demás, y hay que saber cuándo agachar las orejas y reconocer tu culpa. Hoy es ese día.

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4. Arequipa, Puno y lago Titicaca, bien de altura

Más de uno y más de dos nos pusieron sobre aviso de que en Perú, por el hecho de ser españoles, podríamos tener problemas. Alegaban que, por razones históricas (Cristobal Colón y su pandilla), los peruanos tienen muy mala consideración de nosotros y en su posición de ventaja se aprovecharían. Pues nada, otro mito que se cae. Todavía no ha habido quien, por el hecho de ser de donde somos, haya reaccionado con recelo o maldad aparente. Más bien todo lo contrario. Me atrevería a decir que nos aprecian bastante, que hablan con cariño y añoranza de España e incluso son fervientes seguidores de nuestra liga de fútbol (y no sólo del Madrid o Barca). Así que habrá que seguir viajando para continuar desmontando tanto mito. Y más después de estos maravillosos días por Arequipa, Puno y el lago Titicaca.

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3. Lima, Ica y Nazca, arena en los bolsillos

Es curioso porque antes de venir a Perú nos imaginábamos que las carreteras del país serían lamentables, que los baños públicos serían agujeros en el suelo, que compartiríamos los autobuses con gallinas y cabras y que a la vuelta de cada esquina habría alguien buscando la manera de engañarnos. No podíamos estar más equivocados. Perú tiene un sistema de carreteras más que aceptable, los baños públicos tienden a estar bastante limpios (aunque tienen un extraño problema con el papel higiénico que algún día os contaré), hay compañías de autobuses de un nivel altísimo a precios asequibles y a la vuelta de la esquina hay gente que generalmente trata de ayudarte. Y es que, occidentales de nosotros, tendemos a construirnos nuestras opiniones a través de juicios infundados, de lo que dice la televisión o la vecina de una amiga que tiene un cuñado que una vez vio un documental de Perú. Y, de repente, viajas y te limpias, y descubres que hay mundo más allá y que mola bastante. Y que gracias a este blog de viajes puedo compartirlo con vosotros.

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